Cuando uno vuelve a casa después de su paso por un país extranjero por alguna razón se siente obligado a llevar recuerdos para la familia y seres queridos (en ocasiones vamos más allá y consideramos que hay que llevarle algo incluso al vecino). Ardua tarea cuando ese destino ha sido Bucarest.
Bien, la cuenta atrás de mi eterno “turisteo” por esta grandiosa capital toca su fin y me pregunto ¿qué le llevo a mi madre?… opciones:
3. Un gorro típico
4. Un queso transilvano… miel… un trozo de carne de oso para guisar…
Y entonces surge: ¡¡”la doctora Ana Aslan“!! Pues sí, las cremas rumanas son uno de los artículos más codiciados por aquellas que alguna vez los provaron (para más información consultar Gerovital). No sé si funcionan pero en algún momento de la historia su fama llegó a límites insospechados y hoy en día se venden como churros en las tiendas del aeropuerto.
Así pues, a arrasar con las farmacias.
Sonando: Gurus Hoodoo — What’s my scene




1 respuesta hasta el momento ↓
Miriam // Noviembre 27, 2007 a 4:02 pm
Yo las vi en el aeropuerto este finde… y estoy más que dispuesta a probarlas! Ahora ya sé cual es el secreto de vuestro luminoso y resplandeciente cutis! Jijijiji!