Avatares: Hoy, Bucarest

Días de cine

Septiembre 19, 2007 · 7 comentarios

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Ayer, “4 luni, 3 saptamani si 2 zile” película que ha ganado múltiples premios y entre otros, la Palma de Oro de Cannes. Grandes expectativas.

Quedamos, Ana, Jose y yo en la puerta del cine. Como siempre, Jose, después de llamarle, nos dice que está en Piata Amzei y que llegará un poco tarde. Mientras tanto la señora de la taquilla nos invita a entrar, van a apagar las luces. Ana y yo decidimos buscar sitio y dejar la entrada de Jose a la taquillera que con una sonrisa dice: “nici o problema!”

Nos acomodamos en la butaca, quitamos el sonido a los móviles y nos concentramos para la que será nuestra primera película íntegramente en rumano y sin subtítulos. Fuera luces, acción.

Cinco minutos de película han pasado y Jose no ha llegado. Ana consulta su teléfono, le ha llamado cuatro veces. Con la mayor discreción le devuelve la llamada y cuando se gira hacia mí me dice: “en la entrada le han dicho que no había ningún tique a su nombre y se ha marchado a casa, ¡qué gentuza!”

Nos relajamos y volvemos a concentrarnos en la película. Casualidad escena en que a la protagonista le está chillando la recepcionista de un hotel por no haber hecho la reserva bien y la echa a la calle sin miramientos. Ya empieza a salir el lado más oscuro de Rumanía. Lo que sigue a continuación no es mejor. La película refleja Bucarest en el año 1987 y trata el tema del aborto entonces prohibido. Para esto íbamos preparadas pero no contábamos con ver reflejadas muchas de las peores realidades de este país. El modo en que los rumanos se dejan avasallar, su sometimiento a aquellos que creen tener poder, el trato infame a la mujer, Bucarest una ciudad lúgubre, llena de miseria. Y lo más sobrecogedor, en una película que mi estómago a duras penas ha soportado, el público se ríe. Ni pizca de gracia… ira, desprecio, odio, lástima, más ira… pero ¿gracia?

Salimos del cine enfadadas y revueltas. Deseando volver a casa hasta que llegamos a casa de Rafa donde los chicos estaban viendo el fútbol y con un buen queso de Brasov se nos pasó toda la angustia y decidimos que, finalmente, no se vive tan mal en Bucarest.

Sonando: Lily Allen — Smile

Categorías: Bucarest

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